miércoles 19 de septiembre de 2007

Pero es a veces, sólo a veces

-A veces quisiera que estuviera muerto –dijo sin mirarme, sin mirar nada.
-¿Qué estuviera muerto quién?
-Él, quién va a ser.
-Ah, claro.
-Trato de imaginarme qué sentiría si un día, después de no haber sabido nada de Él por, digamos, una semana, sonara el teléfono y al atender, una voz que, esforzándose en parecer más grave, como para dar indicios de que la noticia va a ser mala, me dijera, balbuceando: “Él tuvo un accidente, lo atropelló el tren”. Pienso cuál podría ser mi reacción; en una situación como esa no se me ocurre nada que no estuviera permitido: puedo putear al mensajero, hasta culparlo, puedo cortar sin decir nada, revolear el teléfono contra la ventana y romper el vidrio, siempre quise romper una ventana, nunca me animé, nunca tuve una excusa; cualquier cosa, puedo hacer cualquier cosa. En momentos de extremo dolor, pareciera que uno está justificado a todo. Y lo está.
-Sí, puede ser… pero, ¿un tren? ¿No puede morir de otra manera?
-No importa, el punto no es qué me dicen, cómo, mi reacción; eso solamente lo imagino para ponerme en contexto, para tratar de acomodarme mentalmente a la escena en que me descubren su muerte. Pienso todos los detalles, tiene que ser lo más real posible, tengo que creérmelo; y ahí, ahí cuando parece que me lo creo… ¿qué sentiría?
-Te sentirías mal, ¿cómo te vas a sentir?
-Me sentiría mal, claro, seguro; pero por qué exactamente me sentiría mal, no puedo decidirlo, esa es la cuestión –dijo con un resto de malestar, como si yo no estuviera entendiendo de qué me hablaba.
-No entiendo de qué me hablás: te sentirías mal porque lo querés y nadie quiere que se muera alguien que quiere.
-Sí, está bien. Pero desde el momento en el que quiero, a veces, que se muera, eso no es tan así: no sé si me sentiría mal por haber deseado su muerte, o porque de alguna manera mis deseos contribuyen al orden del cosmos y yo no quería ser culpable de nada, no quería matarlo, o porque está muerto y su muerte me duele, o porque su muerte debería dolerme y no me duele, ¿entendés?
-Mmm, no sé, más o menos…
-Al fin y al cabo, sería todo mucho más fácil si se muriera: nadie podría hacerme reclamos, o podrían, pero yo no sentiría la obligación de responder; podría hacer lo que quisiera, podría no hacer nada, pasarme los días durmiendo, o en la calle, o drogada, o tomando whisky; podría tratarlos mal, despreciarlos, ¿qué me van a decir?, si está muerto; no me sentiría culpable por nada, no sentiría compasión por nadie, ni siquiera por mí, si yo quería, a veces, que estuviera muerto.
-¿Y por qué vas a querer despreciarlos, vivir así, tomar whisky? Te vas a quedar sola.
-Probablemente; sí, no importa. Estoy cansada de todos, no soporto a la gente, no soporto tener que mantener ninguna relación amable con nadie, implica demasiado esfuerzo; no tengo ganas de ser buena, es eso.
-¿Y por qué no sos mala y ya? ¿No podés ser mala sin que nadie se muera?
-No. Necesito una excusa, no puedo ser mala porque sí, me sentiría culpable. Necesito la impunidad del sufrimiento.
-¿No te parece que desearle la muerte ya te hace mala? ¿Cuál es tu excusa ahora?
-No puedo evitar desear que se muera, el pensamiento se me impone solo; esa es mi excusa. No la tendría si lo matara, pero yo sólo quiero, a veces, que se muera.
-No puedo creer lo que decís, y con tanta calma.
-Es más, si lo pienso mejor, quizás ni siquiera es Él quien quiero que se muera; quizás quiero que se muera alguien, cualquiera; cualquiera cercano a mí y que me importe; que me importe lo suficiente como para sentir por un tiempo considerable que no le debo nada a nadie.
-¡Lo que decís no tiene sentido! –dije tomándola por los hombros y sacudiéndola como para que reaccionara-: para no sentirte culpable por absolutamente nada que hagas, para que todas tus acciones, ante vos y ante los demás, pero sobre todo ante vos, estén justificadas, necesitás un gran dolor, necesitás que se muera alguien que querés; ¿y con la culpa de haber querido que se muriera, qué hacés?
-De haber querido a-ve-ces, ¡a veces!, que se muriera -dijo casi gritando-. A ver, otra vez: todo depende de cómo me sienta ante la supuesta muerte, por eso trato de imaginarlo: si me siento realmente mal, dolida, desgarrada, me voy a arrepentir sinceramente de haber querido, a veces, que se muriera, voy a darme cuenta que no sabía de qué estaba hablando ni cuánto iba a sufrir, no sabía cuánto peso tenía en mi vida, cuánto lo quería y todas esas cosas que está bien sentir, y que en la mayoría de los casos uno sólo siente frente a la muerte del otro, o frente a cualquier pérdida definitiva; así somos las personas, ¿viste?, no sabemos cuánto queremos lo que tenemos hasta que ya no lo tenemos: es nuestra condena, vivir en un continuo desfasaje, de ahí que sea imposible la felicidad, de ahí que sólo podamos decir que éramos felices y nunca que somos felices; lo que sí somos es imbéciles. En fin, decía, arrepentirme me a va a redimir de haber deseado su muerte, y ahí sí voy a poder hacer lo que quiera sin que me importe nada ni nadie. El problema sería sentirme mal por no sentirme realmente mal, esa sería la peor situación posible, porque todo habría sido en vano; en ese caso, culpas por todos lados, ¿me seguís?
-Sí, y me da impresión lo que decís, no te puedo escuchar.
-Claro, tiene que darte impresión: vos estás en la lista de personas lo suficientemente importantes para mí como para que quiera que se mueran. Si lo pensás bien, deberías sentirte halagada.
-…
-Ah, no me hagas caso, no lo digo en serio. Vamos a tomar algo –dijo riendo.
Roberta.

21 comentarios:

Lautaro dijo...
El autor ha eliminado esta entrada.
Lautaro dijo...

"el wihskey es rico"

Yo me he planteado pocas veces si lo que necesitaba eran excusas. Fueron contadas veces, y no las suficientes como para llegar a ninguna conclusión al respecto; pero en definitiva no las uso, porque a nadie le importa.

Lo que sí hago, es declarar muerta a ciertas personas, muy pocas por cierto. Pero es como que no hay otra.

En lugar de ir por ahí arrastrando cosas, blam, matarlos a todos.

Cronopio Antihéroe dijo...

No era que ud con su cortezia se había retirado...?

saludos...

Anónimo dijo...

Pocas veces leí algo tan atravesado como esto. Estás bastante trastornada, lo que necesitás es un psicólogo, en serio, te lo digo por tu bien.

roberta dijo...

"Llega un momento, en la vida de todo hombre, en el que se encuentran solos él y su vaso de whiskey".

Las excusas sí que importan, todo se maneja con excusas, justificaciones, razones de por qué. Lo que habría que hacer, creo yo, es dejar de necesitarlas.

Cronopio, ¿es esa su manera de decirme que mejor me vaya con mi cortesía a otra parte? Me extraña. Y además, a esta altura debería saberlo, absolutamente todo es ficción, y no hay modo de escapar; jamás.

Anónimo, claramente, usted ha leído poco.

Saludos!!

vero dijo...

"brother my cup is empty..."
no me parece que todo se maneje con excusas, ni que las razones sean excusas, tampoco.
el texto está verdaderamente muy bueno. tengo muchas cosas para decir pero, dado lo próximo de nuestra relación, voy a hacerlo de manera personal (supongo una inversión de roles muy clara y estoy segura de que no me equivoco)

matías dijo...

Hola Roberta, gracias por tu elogio. Me quedé un poco confundido con tu texto, junto con uno de los que dialogan en él :P
Pero gracias por pasar!
saludos

Matías

PD: todos sabemos nadar por instinto

oLiviA dijo...

es interesante leerte.

saludos

roberta dijo...

Gracias, Vero. Espero tus comentarios, entonces.

Matías, lo volví a leer, y sí, es un poco confuso para cualquiera que no esté pensando lo que yo estoy pensando. A veces me olvido de eso.
Tu PD tranquiliza.

Olivia, gracias.

Me acabo de dar cuenta que es la tercera vez en este blog que me comentan que debo ir al psicólogo. En fin.

Natálica dijo...

¡Oh la moral!
Le deseo libertad de la culpa.
R.:
Me han gustao mucho las últimas cuatro oraciones, que anteceden a las últimas dos. El resto es un tema conocido.

Rogelio dijo...

Me parecía un texto muy largo para Vero.

Una de las ideas que se desprende es una especie de apuesta de que "si soy mala/o a priori, y después me arrepiento, después quedo en libertad moral de hacer y sentir lo que quiera (o al menos, cosas no sujetas la moral común)".
Una especie de rito de pasaje a través de la culpa (real) con su acto de contrición (real) que termina dando poder sobre, o liberando de, el vaivén que el sentido común o la moral instituída indican que uno debe sufrir o experimentar, una manera de escapar del camino culturalmente prefijado para las emociones.

Y encima, con detalles de guión como el "estás en mi lista".
Está bueñísimo. Así, con ñ.
Sospecho como dice Vero, que ese tipo de cosas no se le ocurren a nadie porque si: pareciera ser consecuencia del contacto con gente bastaaante interesante.

Me alegra que no hayas podido escapar de la trampa blogger. Igual, siempre hay tiempo para irse.

¿Probaste alguna vez de hacer click en el link que dice "Gaby!!", en la columna de links de mi blojj?.
No sé porqué, pienso que te pueden interesar algunas de las reflexiones ahí expuestas.

Saludos, un placer como siempre.

Rogelio dijo...

...pucha che, otra vez me fui al carajo con la extension del comentario...

Libelula de Acero dijo...

Que miedo me dio este texto!
Miedo no por el juicio y su contenido sino por verme reflejada ahi mismo!

Como siempre sritas, un placer leerlas!

MP dijo...

Es verdad que es enrevesado, pero solo si la protagonista de la historia (el sujeto de la enunciación) se deja ganar por ese sentimiento y, por caso, no se decide a buscar alguna excusa más barata para romper algo o directamente hacerlo sin excusa.
Negar estos sentimientos es (para usar esta expresión de un modo más ajustado a su significado) de careta.

PD1: que la muerte de los seres queridos aumenta la libertad es la tesis o el planteo inicial de 'Bleu', de Kieslowski.
PD2: que se mueran los feos, dijo Boris Vian.

Simón dijo...

a)"Llega un momento, en la vida de todo hombre, en el que se encuentran solos él y su vaso de whiskey".
100% cierto. Dime qué whisky tomas y te diré quién eres.

b)Apostaría a que los anónimos que se indignaron u horrorizaron con este texto, años antes digirieron pulp fiction o natural born killers sin ningún problema moral (lamentablemente, es una hipótesis no falsable).

Saludos
Ale

roberta dijo...

Natálica, tus deseos sean oídos.
(Eres una de ellas...)

Rogelio, con la vuelta de mis textos largos, sus comentarios largos; no puede más que alegrarme.
Ni siquiera es que el personaje está pensando en la culpa desde el punto de vista de la cultura y demás; es ante ella misma que necesita justificarse, no importan en realidad los otros y lo que piensen: que piense que la van a juzgar es un reflejo de su propio juicio sobre ella misma. Necesita, como exhortó Natálica, liberarse de la culpa.

Libélula, yo sabía que no podía ser la única en pensar este tipo de cosas, pero Anónimo me desconcertó; gracias por decirlo.

MP, ¿usted dice que rompa la ventana?, ¿así?, ¿sin más?
Voy a tener que ver (¿o leer?) 'Bleu', no se necesita más para convencerme que su PD.

Simón, apuesto lo mismo.
Últimamente, hallo en el whisky a un gran amigo. Me gusta el Jack Daniel's, ¿quién soy?

Saludos!

Rogelio dijo...

Me alegra que te alegre. Continuando, el problema con la cultura,justamente, es que es "los otros dentro de uno". El juicio que la prota hace de si misma, tiene como base y parámetros los que heredó culturalmente. Ella piensa que la van a juzgar porque su propio juicio está hecho con criterio de otros.
La moral no es innata ni particular de cada individuo, al menos hasta que se haya tomado el trabajo de "desculturarse", por asi decir, que es justamente lo que hace la prota.
El tema de la culpa y su expresión... el dia que escriba un libro sobre eso telo mando y me lo comentas.

PD: Si te gusta el Jack, lo mas probables es que seas un tatuador rockabilly.
Narigón.


Pero tal vez le guste a mas gente, claro... supongo que por algo fabrican tantas botellas...

Rogelio dijo...

AH! y estoy de acuerdo con lo de que la prota busca liberarse de la culpa, pero insisto en lo de "el camino culturalmente prefijado para las emociones".
Por algo se le ocurrió como tabú a quebrar (como viaje iniciatico) la muerte de un ser querido y no la blasfemia o el genocidio.
Evidentemente, la prota tiene raices culturales italianas o judias...

roberta dijo...

Entiendo lo que decís, Rogelio, vos apuntabas a un sentido de juicio por parte de los otros más fundamental, lo heredado de lo que no se puede escapar; yo me refería a, partiendo de esa base y sin cuestionarla en principio, a lo que hay de propio en cada uno, en este caso, la protagonista; o sea, cómo se le presentan a ella las cosas, que no es necesariamente la misma manera en que se le presentan a los demás.
En fin.

¡No puedo creer que el Jack Daniel's delató mi secreta identidad!

Saludos!

Kaitos dijo...

Que problema este el de necesitar vivir experiencias, transitar por emociones dispares y distantes para pensar que uno tiene una esperanza, una opción...

Pero en realidad esa opción, no es mas que una escusa que creemos necesaria para enfrentarnos, no sólo a la sociedad, sino también enfrentarnos con nuestro peor juez, nuestro mas interno deseo de aceptación.


Abrazo

Simón dijo...

Jack Daniels es de rockeros: áspero, directo, nada de sutilezas, nada de trazas de azucar.
pd: sé que suena demagógico, pero es mi preferido también (dentro de los pocos que conozco)